El 13 de febrero se conmemora, en más de 31 países, el día internacional del uso del preservativo. Esta fecha tiene como objetivo promover su uso responsable para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) e infecciones. En Argentina, la salud sexual vuelve a encender alarmas. Los últimos datos del Boletín Epidemiológico Nacional revelan que en 2025 se confirmaron más de 55.000 casos de sífilis, la cifra más alta en al menos cinco años, con un aumento del 71 % sobre el promedio del período 2020-2024. Esta infección de transmisión sexual (ITS), prevenible y tratable, hoy se presenta como un problema creciente que excede a los consultorios y exige una mirada social integral.

La sífilis -una enfermedad bacteriana transmitida principalmente por relaciones sexuales sin preservativo- se expande en especial entre adolescentes y adultos jóvenes. La mayoría de los casos notificados se concentran en personas de entre 15 y 39 años, un segmento de la población que debería recibir no solo información, sino educación y acompañamiento efectivo.

Detrás de estos números, especialistas y organizaciones de la sociedad civil advierten un fenómeno preocupante: la caída en el uso de preservativos y la disminución de campañas públicas sostenidas.

El aumento de casos de sífilis no puede desligarse de otras señales: el descenso en la distribución estatal de preservativos -que en años recientes se redujo significativamente- y la menor percepción de riesgo entre jóvenes son factores que confluyen en este escenario. Informes señalan que el preservativo sigue siendo el método más accesible y efectivo para prevenir transmisiones, pero su uso no está a la par de su importancia sanitaria.

En este contexto, las campañas oficiales de salud pública deben retomar protagonismo. La prevención no es solo una cuestión de números; es una herramienta de dignidad y bienestar para millones de jóvenes y adultos que enfrentan decisiones en torno a su vida sexual. Es indispensable que las autoridades, desde el nivel nacional hasta cada municipio, garanticen acceso libre, gratuito y sin estigma a preservativos, información confiable y tests de ITS.

Pero la responsabilidad social no termina en el Estado. La comunicación entre padres e hijos sobre sexualidad sigue siendo una asignatura pendiente en muchas comunidades. Abrir espacios de diálogo respetuoso, sin tabúes, donde se hable de consentimiento, protección y consecuencias, es clave para cambiar prácticas de riesgo y fortalecer la autonomía de las nuevas generaciones.

Es comprensible que hablar de sexualidad y preservativos todavía incomode a algunos sectores de nuestra sociedad. Sin embargo, la evidencia -los datos, los testimonios de profesionales, la realidad de las estadísticas- nos obliga a confrontar ese malestar. Negar o minimizar estos temas solo contribuye a reproducciones de conductas peligrosas y a un aumento de enfermedades que deberían ser evitables.